Alguna vez, quizás, se te va la mano.
Y las llamas en pena, invaden tu cuerpo.
Y caés en manos del, Angel de la Soledad.
Y el gracias a Dios tampoco cree en lo que oye.
Y las llamas en pena, invaden tu cuerpo.
Y caés en manos del, Angel de la Soledad.
Y el gracias a Dios tampoco cree en lo que oye.
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