Cada vez que ella se acercaba sentía que las palabras se le borraban y también el corazón le latía más rápido. Que las ideas se le mezclaban y se le perdían en el fondo de los ojos de Luz, también sentía. Y que no iba a poder dejar de temblar hasta grande, hasta viejo. Pero cuando Luz ya se alejaba a él le volvía el alma al cuerpo, por así decirlo, aunque verdaderamente no era para nada así. No se sentía mejor, prefería que ella tuviese su alma y jugase un rato con su cuerpo. Entonces otra vez se arriesgaba, se tiraba de lleno a su luz y otra vez temblaba, y otra vez ella se adueñaba de él con la mirada por unos segundos y después lo dejaba, con ganas de más luz.
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